Brasil necesita desesperadamente más y mejores inversiones en infraestructura

Una encuesta reciente de Ipsos encontró que de los 28 países cubiertos por el trabajo, los brasileños son los menos satisfechos con los servicios de infraestructura (transporte, energía, agua y telecomunicaciones). Esto no es sorprendente si observamos la falta de inversión en infraestructura en Brasil desde la década de 1980.

Si bien el producto interno bruto (PIB) de Brasil en realidad se duplicó entre 1990 y 2016, el stock de capacidad de infraestructura creció solo un 27 por ciento, según estimaciones del economista de Inter B. Cláudio Frischtak. Figura 1 Muestra una disminución en la relación entre el stock de capital de infraestructura de Brasil y el PIB.

Título de marcador de posición de imagen

Datos del informe del Banco Mundial (Raiser et al., 2017) establece que la inversión en infraestructura superó el 5% del PIB en promedio entre las décadas de 1920 y 1980, tiempo durante el cual el ingreso per cápita creció a una tasa promedio anual de 4%, la urbanización El nivel alcanzó el 60 por ciento en 1980. Sin embargo, en los últimos 20 años, el ritmo de inversión se ha reducido a menos del 2,5% del PIB, incluso por debajo de sus necesidades de mantenimiento (Figura 2, izquierda).

En relación con el PIB, el stock actual de infraestructura física de Brasil es inferior al de la mayoría de los países con niveles de ingresos comparables. Si bien el uso de la electricidad y las telecomunicaciones ha mejorado desde la década de 1990, las redes de transporte y saneamiento básico aún están rezagadas con respecto a otros países, incluso teniendo en cuenta la dispersión geográfica relativamente alta y la baja densidad de población del país.

Título de marcador de posición de imagen

La falta de inversión en infraestructura trae consigo el costo de una baja productividad y tasas de crecimiento más lentas. Los impactos negativos significativos en términos de desperdicio de recursos (tiempo de trabajo perdido, mala asignación de recursos, productos perdidos, etc.) se derivan de una infraestructura débil y un suministro de energía y conectividad deficientes en áreas como el transporte, la logística y las tecnologías de la información y la comunicación. La falta de inversión pública perjudica el crecimiento potencial del PIB tanto directa como indirectamente al inhibir la inversión privada. La mala cobertura de saneamiento también afecta negativamente a los pobres (imagen 3).

Título de marcador de posición de imagen

El gasto en infraestructura pública se ha reducido ya que el crecimiento del gasto público actual supera el 2 % del PIB, mientras que el gasto público primario como porcentaje del PIB aumentó del 22 % en 1991 al 36 % en 2014. Si bien el gasto público como porcentaje del PIB se ha estabilizado desde 2015, y desde 2017, los valores reales están sujetos a topes absolutos obligatorios constitucionalmente, la continua expansión del gasto recurrente obligatorio ha hecho que el espacio fiscal disponible se esté reduciendo. La “obesidad del sector público” de Brasil exacerba su “anemia productiva”.

La disminución de la inversión pública no se ha compensado adecuadamente con la inversión privada en infraestructura, a diferencia de otros países de la región, como Chile y Colombia, como se señala en el informe del personal del Banco Mundial. Además, el sector público sigue siendo la fuente de financiamiento de más del 70% y por lo tanto depende de la posición fiscal actual del país (chatear 2 bien transporte).

La inevitable continuación de la futura austeridad fiscal refuerza la necesidad de un nuevo pilar de financiamiento a largo plazo, mientras se reconfiguran los marcos regulatorios y operativos para aumentar la inversión privada en infraestructura. Además de la reciente reducción de las tasas de interés reales, es necesario mantener el ritmo de las reformas estructurales para mejorar gradualmente el entorno empresarial y los costos de intermediación financiera. Por otro lado, si bien la presencia del sector privado debe expandirse, la inversión en infraestructura y gestión privada seguirá complementando al sector público, lo que no es un sustituto perfecto.

Además de la dificultad en la cuantía del gasto público en infraestructuras, en el contexto de la rigidez a la baja de otras partidas de gasto, existe también el problema cualitativo de su “ineficiencia”. Como señala el informe del Banco Mundial, este problema de baja calidad de la inversión exacerba la escasez. Es importante mejorar el resultado de la parte que seguirá siendo responsabilidad del sector público, porque de él dependerá el todo.

Hemos destacado la falta de inversión en estos sectores, en el caso de la asignación de recursos y operaciones insuficientes en los sectores de transporte, agua y saneamiento. En transporte, el informe del Banco Mundial estima que combinar un sistema intermodal amigable con las carreteras con las ineficiencias operativas del sistema vial federal requeriría costos económicos y ambientales equivalentes al 1,4% del PIB, o una inversión anual actual en la industria de 2,2 veces. A su vez, las ineficiencias en las operaciones de abastecimiento de agua representan alrededor del 0,7% del PIB, más del triple de la actual inversión anual en saneamiento. El Congreso aprueba un nuevo marco regulatorio de salud que debe traer buenas noticias a la industria.

Las ineficiencias a nivel de proyecto y las irregularidades en diferentes etapas de su ciclo son altas. Es necesario fortalecer las capacidades de planificación previas, elevar los estándares para los proyectos de obras de cimentación, mejorar los procesos de identificación y mitigación de riesgos durante la preparación del proyecto, evitando interrupciones en la implementación, y fortalecer los requisitos de viabilidad económica y financiera, especialmente para mejorar las ofertas de efectividad del proyecto.

Pero el mayor desafío puede residir en algunas de las raíces políticas de la inversión insuficiente en infraestructura. Tradicionalmente, la forma en que se han construido las coaliciones políticas y las campañas recientemente financiadas del país han dado como resultado una asignación fragmentada de los presupuestos de inversión de capital y la selección frecuente de proyectos mal diseñados. Asimismo, el uso de transferencias y asignaciones de capital en el marco de la fragmentación partidaria para mantener frágiles alianzas políticas socava la planificación, evaluación, selección, seguimiento y aseguramiento de proyectos.

En un contexto de austeridad, la prosperidad de Brasil dependerá de más y mejores inversiones en infraestructura. Para ello, se debe mejorar la calidad de las intervenciones públicas y seguir una agenda de reformas estructurales.

*Texto preparado como nota de antecedentes para la participación del Sr. Canuto en el Brasil Business Forum 2020

Otaviano Canuto es miembro principal del Center for New Southern Policy con sede en Washington, D.C., miembro principal no residente de la Institución Brookings y director del Centro de Macroeconomía y Desarrollo. Es ex vicepresidente y ex director ejecutivo del Banco Mundial, ex director ejecutivo del Fondo Monetario Internacional y ex vicepresidente del Banco Interamericano de Desarrollo. También es ex Viceministro de Asuntos Internacionales del Ministerio de Hacienda de Brasil y ex profesor de economía en las Universidades de São Paulo y Campinas en Brasil.

Toda la información expuesta en este articulo es solo de carácter informativo, esta compuesto por una recopilación de información de internet. No necesariamente esta actualizada o debe ser tomada como una fuente

(Visited 7 times, 1 visits today)